Que es bueno y que es malo en el autismo

IMG-20171124-WA0010Vivir con el autismo, tiene sus grandes desafíos. Como padres todos los días amanecemos sin saber bien cómo será nuestro día, que deberemos posponer, o que cosas nos van a cambiar el plan, y  si todo sucede como lo habíamos planeado posiblemente nos sentiremos felices por la noche, de haber superado la prueba del día.

El gran desafío, para nosotros, y el ejercicio diario,  es  poder corrernos del lugar de catalogar de buenas o malas las cosas que nos suceden.  Lo que nos sucede simplemente nos sucede. no es ni bueno ni malo, simplemente, es. Eso no solo se aplica para nuestro particular modo de manejarnos con el autismo sino , para todo lo que nos ocurre en la vida.

Estamos muy acostumbrados, mas bien, es nuestra manera de manejarnos en la vida, ir rotulando las cosas como buenas o malas, placenteras o displacenteras, y estamos siempre tratando de hacer que lo placentero perdure, y aquello que rechazamos, que es desagradable que pase lo mas pronto posible. Parece sí muy normal  ésta forma de manejarse ,  y esto se debe a que en nuestra cultura occidental no nos mostraron otra forma, que tiene que ver mucho con la ecuanimidad. Posiblemente no nos la han mostrado porque justamente la mejor manera de tenernos atrapados en el consumo en “vendernos” todo desde lo que nos produce placer, y entonces estamos siempre comprando las cosas para ir tras el deseo, lo que nos hace sentir bien. Nuestro fluir está en un constante vaivén entre el deseo y  la aversión, apego o rechazo, y si el día tuvo mas cosas que nos dieron placer lo juzgaremos como que tuvimos un buen día y si fue lo opuesto, nuestro día fue para el olvido.

la buena noticia es que ya mismo podemos salir de esa trampa y empezar a observar la realidad con otros lentes, unos lentes que no juzgan, lentes que solo aceptan lo que es y lo abrazan. Esto no significa que vamos a ser pasivos y dejar que todo nos transcurra, como víctimas. Todo lo contrario, vamos a accionar pero desde otro lugar.

En ocasiones cuando salgo con Franco a dar un paseo por la playa, y sobre todo ahora que ya está empezando la temporada de turismo y hay mas gente, me siento un poco incómoda con las miradas de las personas con respecto a Franco. Es lógico, , obviamente Franco ya no es ese pequeño que se ve que no es “normal” pero que es un niñito bonito, que hace cosas raras. Ahora es un adulto de 21 años, que suele divertirse haciendo globos con su saliva cuando hay viento, y tiene la costumbre de poner su mano dentro del pantalón,  de forma completamente inocente, casi siempre,como si se tocara la oreja  o cualquier parte de su cuerpo. Pero a los ojos de los otros esto realmente se ve muy raro y la gente suele incomodarse y claramente lo rechaza.

A estas alturas de mi vida puedo entender lo que le pasa a la gente y no la juzgo, puedo entender que, basada en sus creencias, ver a mi hijo en esas conductas les resulta incómodo, y muchas veces pueden sentir miedo, o no saber como manejarse, si él se les acerca. No los juzgo y no hago nada al respecto, salvo que me pregunten o demuestren algún interés. No es mi función querer cambiarles la forma de pensar , si  vinieron a descansar y pasarla bien, no tengo necesidad de dar una cátedra de porque mi hijo se comporta como se comporta y porque yo decido que hoy lo mejor es no corregir estas conductas a la fuerza, ya que además personalmente a él no lo perjudican, no se está lastimando, no está lastimando a los otros, no pone en riesgo su vida ni la de los otros.

Sí, le explicamos a él, lo que le produce a la gente, porque no está acostumbrada y tratamos que en público lo evite, pero si no lo puede hacer, no lo forzamos.

Hoy esto es lo que hace y tratar de cambiarlo a la fuerza solo porque no es lo normal en un joven de 21 años, no  es sensato en mi sistema de creencias.

Los que estamos en contacto a diario con Franco no juzgamos estas conductas. no son buenas, ni malas. No nos produce ninguna reacción. Nuestra cultura basada en sus creencias y en las normas impuestas puede hacerlo, pero es cuestión de revisar esas normas y elegir .Podemos tener una perspectiva nueva sobre todas las cosas, que no sean basadas en el consenso general.

También debo confesar que a pesar de mis años y mi trabajo interno con respecto a todos los desafíos que implica el autismo, muchas veces elijo el camino mas fácil, como en este caso, me  permito delegar las tareas del paseo a las personas que trabajan con Franco y  evitar pasar por situaciones que muchas veces no tengo ganas de ponerme a procesar. Si se puede ¿Por qué no evitarlo?

No juzgar es un ejercicio que requiere de auto observarnos continuamente, y detenernos cuando lo estamos haciendo. Después de tantos años de manejarnos de una misma manera, es un desafío salirse de ese patrón. no juzgar al que mira a mi hijo, no juzgar a mi hijo, y también, no menos importante, no juzgarme a mí, si hoy me sentí incómoda con eso.

No hay bueno, ni hay malo en el autismo, es lo que es.

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